El río Lebrija en Sabana de Torres, Santander, se está saliendo por el mismo lado que en 2011 cuando afectó la agricultura de casi todo el municipio. Dos años y 12 mil millones de pesos después hay un jarillón, pero sólo en tres de los nueve kilómetros donde se necesita.

En el año 2011 como consecuencia de la ola invernal el gobierno nacional decretó la urgencia manifiesta en varias zonas del país, para mitigar los estragos de las lluvias… Una de las zonas a intervenir fue el municipio de Sabana de Torres en Santander donde se acordó la construcción de 9km de jarillón en el río Lebrija que se había salido de madre inundándolo todo.

El 26 de diciembre de 2011 se contrató a la compañía Geingsa para que adelantara las obras, el dinero lo aportó la nación a través de Colombia Humanitaria y el contratista comenzó a trabajar. Para cumplir con el objeto de la obra, Geingsa subcontrato a varios volqueteros para que trajeran la arena para hacer el jarillón.

El problema es que al parecer ni el gobierno, ni el contratista ni la autoridad ambiental se percataron de que en Sabana de Torres no hay montañas ni mucho menos canteras cerca para conseguir el material.

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Los sobrecostos comenzaron a traer problemas para el contratista. Según el contratista la plata solo le alcanzó para 3.5km de jarillón, es decir, una tercera parte de la obra. Sin embargo, asegura que alcanzó a ejecutar el 90% del contrato debido a que a él no lo contrataron por kilómetros sino por metros cúbicos de arena construida. La Autoridad Ambiental de Santander confirmó lo dicho por el contratista.

Lo cierto es que hoy no existe la totalidad del jarillón sobre el río que evite futuras inundaciones.

Las obras quedaron suspendidas desde hace un año. El Ministerio dio la orden de no desembolsar el resto de la plata al contratista. A los volqueteros les quedaron debiendo 1.200 millones de pesos y el contratista no volvió por Sabana de Torres.

Y los 5.000 millones de pesos que quedaron enterrados en 3.5 km de jarillón en menos de un mes con la llegada del invierno se los podría llevar el río.

Mientras las autoridades definen cual será el futuro de los recursos que hacen falta para terminar el jarillón… Como siempre los directamente afectados, campesinos de 6 veredas aledañas al río, pagarán los platos rotos.