Una casa desapareció en Cali… No se la llevó una creciente, ni la tumbó una máquina de demolición… Simplemente, la casa no aparece en los registros prediales de la capital del Valle… Sus dueños, que puntualmente pagan el impuesto sobre la propiedad, este año recibieron la noticia de que la casa ya no existe… Es decir, que ellos no viven ahí y que esas paredes, que tanto quieren, son sólo producto de la imaginación, porque ahí realmente queda un parque… Para que la administración reconociera el error, fue necesario que dijeran… ¡Qué tal esto!

Ella es Camila Zuleta, una habilidosa empresaria que hace 17 años reunió sus ahorros con los de su esposo y compró esta casa en un prestigioso barrio de Cali… en un sector tan exclusivo que ni los mensajeros sabían llegar.

Tal vez por eso, nunca le llegó el impuesto predial.

“Yo estoy bravísima”

Pero de todos modos tocaba pagarlo. Por eso, cada año, fue a Catastro para reclamar el recibo y cumplir con su deber como ciudadana. La rutina era aburridora…

“No pues hubiera sido mejor planchando”

Como siempre, en febrero volvió a Catastro… hizo la fila, habló con el cajero, reclamó el recibo y cuando fue a pagar… recibió una escalofriante noticia.

“Recibo no apareció, tenía inconsistencia, o sea, que no existe”

Su casa se esfumó. La misma que vio crecer a sus niños, la de hace 17 años que pagó hasta hace dos y que embelleció hasta el rigor… dejó de existir.

“Imagínese lo que sentí”

La misteriosa desaparición se registró mientras la señora Camila se trasladaba al Catastro municipal.

“Como si hubiera venido y la hubiera chupado” “No sabía hasta cuando me dijo la señora”

Los recuerdos de la querida construcción, le ablandaron los sentimientos.

“3 pisos, un jardín, patio, cocina, como todas las casas”

No supo cómo contarles a sus hijos que las habitaciones donde suelen jugar y dormir jamás existieron… al menos para la Alcaldía.

“No saben que no existe, no le hemos contado”

A los amigos tampoco.

“Los vecinos no saben que no existe”

Pero no se dejó amilanar y se puso a investigar. En catastro le dijeron que en el sitio donde dice que está su propiedad, hay un parque de la administración local.

“Nos dijeron que tenía que levantar planos nosotros y que iban a mandar un funcionario y no ha llegado”

Durante sus pesquisas también se enteró de otra macabra noticia…. Que ella, doña Camila, tampoco existía.

“cuando hicieron el censo, no llegaron, no soy ciudadana. Nunca llegó el DANE, entonces creo que no existimos”

Mejor dicho…

“No creo que haya una casa fantasma”

“He venido aquí… existe”

Camila, supo lo que realimente estaba ocurriendo… En una de sus insistentes visitas a la Alcaldía, logró hablar con el secretario de hacienda de Cali.

“Predio fiscal significa que es del municipio, que funcionan oficinas del municipio”

El funcionario admitió que fue un error natural y no un hecho sobrenatural.

“Claramente hay un error y es humano”

El culpable fue identificado.

“Cuando se hizo la subida a la base de datos, interviene el ser humano”

Claro que por el momento la humanidad no puede asumir la obligación de Camila de pagar el predial.

“Eso quiere decir que no hay predio, no existe, y no se paga algo que no existe”

Y tampoco existen otras propiedades… porque el misterioso funcionario que digitó mal, también se equivocó en otra oportunidad.

“10 mil predios fiscales que algunos no identificados”

En conclusión… el secretario de hacienda pidió perdón.

“Le ofrezco disculpas a la ciudadana…”

Camila lo convenció. El funcionario prometió ayudarle y la alcaldía se comprometió a demostrar que la casa 3 del conjunto La Riverita de Cali, jamás se perdió.