En San Gil, Santander, como no había plata para pavimentar las calles, se optó por pedirle a los vecinos que pagaran por sus obras, que la alcaldía pondría los materiales… Pero las primeras calles en estar listas fueron las de funcionarios y sus allegados.

San Gil, en Santander, a pesar de su historia es un municipio pequeño en presupuesto… Sus ingresos no alcanzan para pavimentar las calles. Pero ni siquiera con la plata que giran el departamento y la Nación hay suficiente para las obras necesarias.

Por eso parte del programa de la actual administración fue la creación de un banco de materiales en el que teóricamente los vecinos pagan por las obras públicas que se realicen frente a sus propiedades privadas. Pero aunque los vecinos sean los encargados de escoger las obras, los ingenieros son los que determinan en qué orden se hacen y orientan a los constructores.

Y la decisión de los ingenieros terminó beneficiando a los vecinos que más cercanía política tienen con el alcalde.

El alcalde dice que si los primeros beneficiarios de las obras son sus amigos, es por pura casualidad. Porque la alcaldía no tiene ninguna injerencia en la forma en la que se deciden las obras.

Ya el dinero recogido entre los vecinos comenzó a escasear y las obras están inconclusas.

Entonces sólo cuando termine la alcaldía de Álvaro Agón podrá saberse si la platica de los vecinos se perdió en obras a favor de sus seguidores en el concejo y su gabinete o el banco de materiales valorizó el histórico municipio.