Una tejedora de medias terminó pagando la casa del hombre que simuló venderle una parte de ésta y que en realidad la puso, como arrendataria, a amortizar su crédito… Y cuando ella lo denunció le envió a otro estafador para robarle otra vez su propia casa.

En 1985, la señora Lucía vivía en arriendo con su mamá y sus dos hijas a las que sostenía con su trabajo como zurcidora.

Ella quería comprar casa. Una clienta a la que le punteaba sus medias de seda, le ofreció un contacto.

Ella fue y le gustó. En ese año, 1985, el hombre le pidió $1’800.000 por la casa y le dijo que podía trastearse de una vez al segundo piso mientras le pagaba la vivienda por cuotas. Ella aceptó y él siguió viviendo con su suegra en el tercer piso. Doña Lucía le dio una cuota inicial.

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“Le había dado $400 mil en plata. Un anticipo que me exigió él para seguridad», afirmó Ana Lucía Franco, afectada.

Ella le adelantó el 22% del valor total.

“No la compré directamente con la corporación porque no me aceptaban porque era independiente», dijo Franco.

Sin embargo, el vendedor le dijo a doña Lucía que tenía un contacto en una corporación de ahorros para que le aprobara un crédito y así podría terminar de pagarle la casa. Días después el hombre llegó con los documentos que “supuestamente” le aprobó la corporación a doña Lucía.

“Solamente le daban el número del crédito no el nombre del titular, hasta después de cinco años», señaló César Sánchez, nieto de Lucía.

La señora se dio cuenta que no estaba pagando el crédito que supuestamente le aprobaron, sino las cuotas que el hombre estaba debiendo por la misma casa.

En 1999, cuando la señora había completado 14 años pagando su supuesto crédito, se convenció de que había sido timada por su vecino porque cuando lo citó en la notaría para firmar la promesa de compraventa… el hombre desapareció.

“Llegó la orden que nos iban a meter desahucio», señaló doña Lucía.

Pero no pasó. Transcurrieron 27 años y en 2012 la señora Lucía hizo los trámites para tomar la vivienda en posesión y venderla. De inmediato apareció un cliente y le ofreció una camioneta como parte de pago. Doña Lucía aceptó pero luego se enteró el carro no era de su nuevo cliente. Él también la tumbó… Y eso no fue todo…

“Llegó un día como con 10 camionetas y un poco de gente armada ahí y me sacaron», indicó la afectada.

La familia de Lucía investigó los antecedentes de los dos hombres que la tumbaron. Sobre el vecino que la puso a pagar su crédito.

“Tiene una cantidad de procesos todos activos… Más de 40… Desplazamiento, estafa mayor cuantía (…). El banco lo metió preso porque ellos se dieron cuenta que la nueva propietaria era mi abuela y el tipo pasó tres años tras las rejas por ese tema”, contó el nieto de doña Lucía.

Y del hombre que quiso comprar la casa de Lucía con un carro que no era de él.

“Estuvo preso y el tipo tiene también por estafa”, agregó Sánchez.

Y hace algunas semanas, se les presentó otro problema. El señor que dio el carro ajeno para comprar la casa, se le apareció otra vez a Lucía y le dijo que tenía dos letras que las hijas de ella habían firmado para respaldar la compra de la casa con la camioneta que no era de él. El hombre nunca les devolvió las letras y embargó a las hijas de Lucía.

“Los tipos están cobrando. El embargo de mi tía está por 80 millones y el de mi mamá está por 45 millones», indicó César Sánchez.

En 1985 la casa costaba 1’800.000 pesos. En esa época, el salario mínimo estaba en 13.557 pesos, es decir que el valor de la vivienda equivale hoy a 91’540.000, de los cuales, la señora Lucía le dio al vecino la mitad en efectivo y la otra mitad la consignó durante 14 años a una cuenta bancaria que ella creyó que era para cubrir su crédito pero resultó ser del hombre que la timó.