Un año después de separarse y hacer hogar con quienes creía que eran sus hijos, un hombre se dio cuenta que ellos no tenían su huella de ADN. Pero entre los trámites de su separación se pasó el término para reclamarse como no padre. No se trata de sus derechos, sino de los de los niños.

¡Qué tal esto!

Tras un año de nacidos, Leonardo Pinzón empezó a tener la idea de que él no era el padre de dos mellizos que tuvo su ahora exesposa.

El Bienestar Familiar le dio un listado de laboratorios autorizados para que realizaran la prueba de ADN.

“Realizamos la prueba de ADN, la cual salió negativa, que yo no era el padre de los niños”, dijo Pinzón.

El proceso inició en Bogotá en la seccional sur de Bienestar Familiar y fue trasladado por el mismo Bienestar a la sede de Engativá porque Leonardo se había mudado para esa localidad con los mellizos.

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Pinzón indicó que cuando fue “a averiguar a la seccional de la zona, de Engativá me dicen que no había llegado el proceso, que no se ha hecho absolutamente nada, y que se me había vencido el tiempo determinado que era 120 días, entonces que tenía que dirigirme a los juzgados directamente para que me solucionaran”.

Realmente el plazo que establece la ley son 140 días.

Con la prueba de ADN que demuestra que Leonardo no es el padre, él tenía 140 días para que a los niños se les quitara su apellido.

“Pero pues al vencerse esos términos ya me dicen que ya no lo podía hacer, y que esa prueba que ya tenía hecha, ya no era válida, entonces que tenía que volver a hacer otra prueba, sabiendo que no fue mi culpa la demora del proceso entre las seccionales”, afirmó Pinzón.

De estar de lado a lado ya han pasado cinco años. Leonardo pensó en un noticiero como otra opción. Noticias Uno lo acompañó a que volviera a hacer el mismo recorrido, la primera visita fue a la sede principal del Instituto colombiano de Bienestar Familiar.

Pinzón contó que “en Bienestar Familiar me dicen que van a retomar el caso, van a verificar por qué el proceso se demoró entre la seccional del sur y la de Engativá”

Ese mismo día Leonardo le contó la historia al defensor del pueblo de la seccional Bogotá.

El defensor asignado se reunió en privado con Leonardo y le dijo lo que se debía hacer.

“Que básicamente la solución se podía dar por Bienestar Familiar porque el proceso que se demoró fue con esa entidad”, puntualizó Pinzón.

Dos semanas después volvimos al Bienestar Familiar, la directora del ICBF regional Bogotá, Diana Arboleda, le explicó a Leonardo la regla de la entidad: “Es importante no perder de vista que nosotros como Instituto siempre actuamos es en favor del niño, y pensar en quitarle los apellidos no es garantía de derechos para ellos”.

La directora le explicó a Leonardo que el proceso que inició en la seccional del ICBF del sur de Bogotá, sí fue trasladado a la sede de Engativá pero el trámite no era la paternidad de los mellizos, sino la custodia.

El defensor de familia lo orientó sobre las alternativas legales.

“En este caso eso es un proceso judicial que no lo pueden resolver ellos, entonces me dicen que lo mejor es que me asesore con un abogado”, dijo Pinzón.

Volvimos con Leonardo a la Defensoría del Pueblo y allí los especialistas en derecho de familia concluyeron que Leonardo ya no puede reclamar ante la ley que él no es el padre de los mellizos.

El defensor del Pueblo en Bogotá, Gustavo González, afirmó que “tan pronto él tuvo conocimiento de que la prueba de ADN era negativa a sus pretensiones, de que el hijo no era del señor, digamos que el ICBF debió iniciar en representación del menor la impugnación de la paternidad”.

El ICBF dice que ese trámite no se puede hacer, aunque hay una posibilidad cuando hay sospecha de quién es el padre de los niños.

A Leonardo le quedan dos opciones: esperar a que los mellizos cumplan los 18 años y de forma voluntaria inicien el proceso de impugnación de la paternidad. O convencer a la mamá de los niños a que diga quién es el verdadero papá o de quién sospecha, y que sea ella quien inicie el trámite legal. 

“Si fuera al contrario la situación, si yo fuera el que no quisiera responder por ellos, ¿cómo sería la situación?”, se pregunta Leonardo Pinzón.