Los marineros de las empresas pesqueras de Buenaventura, aseguran que en tierra firme no atienden los problemas que ellos traen de altamar.

“El mar, a veces, es traicionero”.

Sus rodillas estaban aparentemente intactas. Él reclamaba atención para su codo, porque el tobillo se estaba curando por sí mismo.

“Duré cuatro días y nunca me quisieron atender bien”

Según el cartapacio que carga, durante ese tiempo las empresas de riesgos profesionales y medicina prepagada, se responsabilizaban mutuamente por las lesiones.  Y perdió la prepagada.

“No me querían atender y cuando pedía órdenes me la devolvían.

“Qué la ARP Colmena. Que la EPS Coomeva”.

Para él, la consecuencia fue que no lo operaron ni del codo ni del tobillo que se había lesionado trabajando.

“Cuando me desperté me habían operado las dos rodillas.”

El gerente de la clínica en la que se llevó a cabo la operación, tiene su propia tesis sobre lo que pudo haber ocasionado la equivocación médica.

“Me enteré de algo interesante. Que ese profesional incluso me dicen los que lo conocían o los que lo conocen, que tenía algunas adicciones.”

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Los marineros que faenaban con Nelson son testigos de que sus piernas estaban bien, antes de la operación.

“Era un trabajador como todos.”

Pero ya no lo es, vive de la caridad pública porque, además, legalmente no está calificado como minusválido.

“Pues yo lo atiendo en lo que pueda y el hijo compra droga hasta donde le alcanza.”

Pero en la historia clínica no hay constancia del error médico y ni siquiera razón del paradero de su autor.

El caso comprometió a otro traumatólogo que había tenido una mala experiencia, unos malos antecedentes que nosotros desconocíamos y, por desconocerlos, hizo un turno ante la ausencia de un traumatólogo.

De quien es impreciso hasta el nombre, porque no firmó el acta de la operación, que según el paciente debió haber sido de un codo y según el médico de dos rodillas.