En julio pasado, un mes antes de que se revelara públicamente el gran escándalo de presunta compra-venta de fallos que enredó a tres expresidente de la Corte Suprema, el vicepresidente de esa corporación  José Luis Barceló, pronunció unas enigmáticas preguntas ante el jefe de Estado y los demás asistentes a una ceremonia.

Y contestó inmediatamente a quién se refería: “Creo que quien quiera pertenecer a la rama judicial como a cualquier institución del Estado, primero honestidad, rectitud, pulcritud”.

La ocasión de formular esos interrogantes y de aludir a las condiciones de buenos seres humanos que deberían tener, ante todo, los profesionales del derecho que aspiren a ser jueces y magistrados, se le presentó a Barceló el 11 de julio, en un evento en que, paradójicamente, se entregaban certificados de calidad de la justicia colombiana.

“¿Se establece quién es ese ciudadano que quiere ser juez de la República?», indicó el Magistrado en ese entonces.

Barceló fue explícito: “Obviamente el conocimiento y la experiencia son importantes pero es que los deshonestos también, por regla general, son muy inteligentes, con mucho conocimiento y, a veces, con mucha experiencia”.

Sus palabras llamaron la atención del presidente Santos quien lo miraba con curiosidad y tomaba apuntes. Un mes después se conocieron las grabaciones  de la DEA que involucran en supuestos cobros de sentencias a tres compañeros de Barceló. Al parecer, este se enteró anticipadamente el escándalo que se cocinaba cuando asistió a un coctel, justamente en la embajada de Estados Unidos.

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