Los ojos del ladrón
El año pasado, un norteamericano tuvo un viaje con su novia a Taganga, y su romance lo interrumpieron tres jóvenes que aparecieron de la nada y que, además de su dinero, se llevaron su IPhone. Él desactivó su sim-card, pero el ladrón no pudo desactivar los códigos que enviaban a la nube las fotos del aparato cada vez que este se conectara a la web… Además de la identidad de los ladrones, el atracado pudo ver la violencia con la que conviven los niños de su familia o vecindario, y sus gustos por los zapatos, los animales y los barcos… Aunque él abrió un blog con las fotografías en septiembre pasado, hasta hoy no se reporta una acción al respecto del Bienestar Familiar.

Miedo en La Guajira
El periodista y empresario Paulo Laserna quería pasar tranquilo su año nuevo en una finca cerca de la playa de Dibulla en la Guajira, pero su guardaespaldas le advirtió que se acercaban unos civiles armados y ambos escaparon hacia el Parque Tayrona. Horas después, desde su escondite pudieron darse cuenta de que efectivamente buscaban al presentador de televisión, pero no para secuestrarlo, como él creía, sino para contarle que los hombres armados que habían visto eran agentes de la Sijin buscando la lancha de unos presuntos delincuentes, según explicó el periódico local… Esta vez el año viejo tuvo sobredosis de adrenalina y el año nuevo de comentarios burlescos.

Por la puerta de atrás
El alcalde de Bogotá y su familia también tuvieron su dosis de adrenalina en el año viejo… Esta vez fue por cuenta del amigo que les prestó una casa dentro del Club Puerto Peñalisa, pues en el momento de reportarse en la portería de socios e invitados, la administración se percató de que el dueño era uno de los mayores morosos del conjunto, hasta el punto que ya le estaba prohibido el acceso salvo el pago de la deuda. A pesar de su dignidad de alcalde mayor de Bogotá, la familia Petro tuvo que ingresar por la puerta auxiliar, en la que no se revisan las cuentas, y por fin pudieron tomar su merecido descanso.

NS/NR
El incumplimiento de la Drummond para cargar carbón directamente en el puerto, destapó la falta de controles sobre su operación en Santa Marta. El primero en caer fue el capitán de puerto que, en teoría, es el que autoriza la salida de cada barcaza, pero en realidad no sabe cuántas por día

Pero luego le siguió el Ministro encargado de Ambiente, que prefirió pasar la pelota.

Faltó la Dian, que debe controlar la exportación de carbón, pero nunca se vio en los alrededores de Puerto Drummond