La boda de la hija del Presidente

La boda de María Antonia Santos, la hija del presidente de la República, que se celebró ayer en la hacienda Hato Grande, estuvo rodeada de gran discreción y reserva, por decisión de los novios y de los padres.

Sin embargo, Noticias Uno obtuvo algunas fotografías del momento cumbre del evento que se realizó aprovechando los jardines de la entrada principal y el amplio corredor que enmarca el portón de la casona. Este espacio fue usado por la familia Santos-Rodríguez como escenario religioso en lugar de la capilla tradicional de Hato Grande, muy pequeña para la ocasión.

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El presidente Santos, vestido con un frac clásico, llevó al altar a su hija recorriendo un camino adornado con kilims auténticos, es decir tapices asiáticos anudados a mano. A los lados, hacían la corte de honor los invitados, muchos amigos de la joven pareja y uno que otro funcionario del gobierno.

Una vez entregada la novia a su futuro esposo, Sebastián Pinzón, no podía faltar la fotografía de la pareja de espaldas y de frente, el obispo iniciando la misa concelebrada con dos sacerdotes más. Un detalle, además de las flores blancas y las luces que adornaban el sitio a pesar de tener aún luz-día, fue el de la madre que, agachada, expande la cola del manto para que el vestido se vea en toda su dimensión.

Después, vinos y viandas servidos en mesas adornadas con manteles de flores. Un elegantísimo menú, esperaba a los comensales: entrada, de palmitos del Putumayo y cangrejo azul; plato fuerte, con cherna, un pescado especial entre los meros, con puré de arvejas y salsa de uchuvas. Y como postre, ponqué de novia y quesos surtidos. La descripción de las bebidas espirituosas daba cuenta de su calidad.

Nada empañó la fecha. Ni siquiera el guayabo emocional de los padres quienes después de concluido el acontecimiento, dejaron conocer sus sentimientos en sus respectivas cuentas de Twitter, con mensajes de nostalgia.

Un solo dato pasó desapercibido para los cuidadosos organizadores del suceso: el cangrejo azul de entrada y el pez cherna, del plato fuerte, son especies clasificadas por los ambientalistas, como en vía de extinción. Su captura para comida de humanos está restringida. No faltará quién diga que la boda de María Antonia fue antiecológica. Pero lo cierto es que haberle cerrado el acceso a la prensa, evitó críticas de mayor calibre.

Los arrendadores de la Justicia colombiana

Hace un mes el mundo financiero panameño y latinoamericano recibió una sorpresa del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Este poderoso organismo ordenó incluir a los conocidos empresarios Abdul y Nidal Waked, cabezas de una organización de 68 firmas en varias líneas de negocios, en la lista Clinton.

En Colombia, ese conglomerado es conocido sobre todo por la cadena de tiendas de perfumes y cosméticos La Riviera. Estar en la lista Clinton significa la muerte comercial porque siendo la acusación de lavado de activos, se prohíbe hacer negocios con el grupo intervenido. Por eso las perfumerías de Waked han cerrado casi todas sus tiendas en el país.

Curiosamente, los Waked aún tienen jugosos contratos vigentes en el país. El más asombroso de sus clientes es nada más ni nada menos que la Justicia colombiana que les arrienda todos estos edificios del centro de Bogotá para el funcionamiento de decenas de juzgados.

Resulta que Jalal Ahmed Waked, de la misma organización es el propietario de la comercializadora Kaysser que le arrienda a la rama judicial toda la manzana de la Calle 12 en donde funcionan tribunales, juzgados y la escuela judicial. La millonaria suma que, paradójicamente le paga la Justicia de Colombia a quienes tienen interdicción norteamericana de hacer negocios, tendrá que seguirse cancelando a los Waked hasta cuando encuentren un sitio para donde trasladar a no menos de 100 despachos.