A lo bueno que tiene el Código Electoral, el Congreso le agregó lo malo.

En esencia, el nuevo Código Electoral es el éxito de una persona que contra viento y marea puso de acuerdo a todos los partidos en el Congreso. Hay que reconocerle al registrador nacional, Alexander Vega, que abrió un camino que durante 34 años estuvo cerrado: el que marcaba el acuerdo para la reforma.

Desgraciadamente, en el Congreso, dos senadores propusieron y él en esa corporación aceptó una especie de escondida censura contra las encuestas políticas. Esta sección supo que las encuestadoras preparan un alegato contra normas como la de que las encuestadoras revelen los teléfonos de las personas a quienes encuestan, es decir, que divulguen su más sagrado secreto empresarial, su base de datos. Y lo que es más terrorífico, que la ficha técnica de las encuestas políticas sea entregada antes de ser publicada al Consejo Nacional Electoral; otro intento de censura.

Menos mal que la reforma pasa a revisión de la Corte Constitucional.