La Corte Suprema acaba de rebajar la pena a un joven de 19 años que asesinó a su vecino de 16 años por estar haciendo demasiado ruido en una fiesta que realizaba en el edificio donde habitaba.

En este caso, la Corte redujo de 33 a 17 años la condena por el crimen, advirtiendo que no se trató de un asesinato premeditado. Aunque reconoce la gravedad del hecho, le advierte a la Fiscalía que cuando se presentan crímenes en los que median hechos de provocación, no se puede agravar la pena del condenado. Dice la Corte que:

 

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«En los casos en los que hay una provocación de los vecinos por tener música con alto volumen, estar de fiesta, no dejar dormir y cometer una agresión antes, la Fiscalía no puede decir que el motivo es trivial y fortalecer la pena».

La Corte concluye que la justicia debe estudiar detalladamente los casos antes de establecer si el motivo del crimen es o no insignificante.