Como todos los lunes, el elefante blanco.

En el municipio de Los Santos, en Santander, llueve muy poco y tiembla casi todos los días. Pero lo grave es que desde su fundación en 1750 nunca han tenido acueducto.

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Hace seis años, sus 15.000 habitantes observaron cómo se puso la primera piedra del proyecto de acueducto, con una inversión de $ 22.653 millones; entraría en servicio en 21 meses. La Empresa de Servicios Públicos de Santander S. A. firmó el contrato número 171 de 2015, con la Unión Temporal Aguas Chicamocha; la obra avanzó en un 47 % y quedó paralizada. Hoy, solo hay dos gigantescos tanques abandonados en una montaña. No hay permisos para un camino vial o servidumbre, y falta la instalación de la red de conducción del agua y el sistema eléctrico que alimenta el proyecto.

¿Saben qué es lo que más ofende? El cinismo de los contratistas. Hay una placa en piedra que sus protagonistas dejaron firmada:

«Los aquí firmantes nos comprometemos ante Dios y la comunidad de Los Santos a que garantizaremos de manera definitiva el suministro de agua potable para todos los habitantes del municipio en el presente y los tiempos venideros».

¡Ah! ¿Hay derecho a semejante burla? ¡Yo no lo puedo creer! ¿Y ustedes? ¡No parece un elefante, sino un loro vestido de payaso! ¡Qué horror!