El elefante blanco de todos los lunes.

La comunidad indígena zenú del municipio de Sampués, en Sucre, lleva cuatro años esperando la terminación de la construcción de un tanque de almacenamiento de agua potable para abastecer a la población. En febrero de 2017 se inició la construcción de este tanque con capacidad para almacenar 400 metros cúbicos del líquido. Tuvo un costo inicial de $ 2272 millones y dos adiciones presupuestales, una, por $ 260 millones y la segunda, por $ 153 millones, para un total de $ 2685 millones.

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La obra fue ejecutada por la empresa Aguas de Sucre, cuyo objeto era la optimización y ampliación del sistema de acueducto regional del corregimiento de Bossa Navarro y las veredas Los Guayacanes, Costa de Oro, Villanueva y Jorge Eliécer.

Estaba presupuestada para ejecutarse en cuatro meses, pero el tiempo pasó y pasó y pasó. Por diferentes razones, su construcción fue suspendida en 13 oportunidades; cuatro años después, cuando por fin lograron terminarlo y estaban en pruebas finales de resistencia, adivinen lo que pasó: ¡el tanque colapsó! ¡Se desplomó!

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Ante semejante desastre, las comunidades indígenas siguen abasteciéndose de agua en pozos artesanales que no son aptos para el consumo humano. La empresa Aguas de Sucre, encargada de la ejecución del proyecto, aseguró que la obra tiene una póliza que garantiza la reconstrucción del tanque.

Y la historia se conoce por tantas veces repetida… y vendrán demandas y contrademandas, y tribunales, y los años pasarán y pasarán, y nuestras comunidades de Sucre, sin agua potable.