El Congreso de la República no sabe aún ni cómo va a trabajar desde el 20 de julio ni cómo va a elegir a los nuevos directivos.

La ley quinta, que reglamenta el funcionamiento del Congreso, dice taxativamente que la votación para las elecciones tanto en el Senado como en la Cámara debe ser secreta y ahí radica el lío: es que vía Zoom, YouTube o cualquier otra plataforma digital, como se cumplió la legislatura pasada, la votación secreta es imposible. Por esta razón, los presidentes salientes del Senado, Lidio García, y de la Cámara, Carlos Cuenca, están evaluando qué hacer.

Dentro del acuerdo de rotación de los partidos, ya se sabe que la presidencia del Senado le corresponde a Cambio Radical, que escogió a Arturo Char, y que el Partido Conservador, al que le corresponde la Cámara, escogió a Germán Blanco, de Antioquia.

Por el momento, va ganado la propuesta de que los congresistas acudan presencialmente y en pequeños grupos depositen sus votos. En la misma forma serían elegidos el defensor del pueblo en agosto en la Cámara y el procurador general en noviembre en el Senado.

Cuando se trata elecciones, nuestros parlamentarios se dan sus mañas.