Una carretera que lleva ya cinco gobiernos sin terminar.

La historia es la siguiente: el tramo Mulaló-Loboguerrero, que forma parte del trayecto entre Cali y Buenaventura, completó dos décadas frenándole el paso a la ampliación de la vía al mar.

Los planes de ampliación de la vía entre Cali y Buenaventura comenzaron en el año 2000, pero solo hasta el año 2014 se abrió la licitación para hacer la obra: fue adjudicada a la Concesionaria Nueva Vía al Mar (Covimar).

El tramo Mulaló-Loboguerrero consta de 31,8 kilómetros y su ampliación tiene un valor de dos billones de pesos, de los cuales se han invertido $ 280.000 millones, en su mayoría, en la compra de predios y en la inversión en estudios.

Luego de firmar el acta de inicio, entre el 2015 y el 2017 se socializó el proyecto y comenzaron las consultas previas con las comunidades de la región.

De igual manera, empezó el trámite para obtener la licencia ambiental: en octubre de 2017, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) pidió a la interventoría de la obra información sobre los estudios realizados en la zona; dos años después, es decir, el año pasado, hizo nuevos requerimientos, esta vez de 35 puntos específicos, entre ellos el estudio del modelo hidrogeológico que se adelantó; estos fueron enviados a Canadá para su análisis.

Para la ANLA, la información presentada por Covimar es insuficiente para otorgar la licencia ambiental. Covimar, por su parte, asegura que por la pandemia los procesos están retrasados y no han podido recolectar toda la información.

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Y mientras se otorga la licencia ambiental, al proyecto le salió otro problemita: los habitantes del corregimiento de Pavas, ubicado cerca de la vía, aseguran que el proyecto acabaría con un acuífero que hay en la zona.

Y así, pasan y pasan los años, pasan y pasan los gobiernos: los ocho de Uribe, los ocho de Santos y los cuatro de Duque; estos últimos no han pasado, ¡pero van a pasar!

¡Ay, Dios Santo, con las obras de mi país!