Miren la perla que contiene el proyecto de reforma a la justicia.

Hasta hoy, un magistrado de tribunal que lograba llegar a las altas Cortes renunciaba a los beneficios de la carrera para asumir el nuevo cargo, que entre otras cosas implica un aumento en su salario. En la reforma a la justicia se abre una puerta para que ya no deban renunciar a los beneficios de la carrera. El nombramiento como magistrado de una Corte será considerado como una comisión de ocho años, repito, comisión de ocho años, y cuando termine su periodo, podrá retomar sus antiguas labores.

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Me pregunto: ¿cuando termine su periodo de ocho años en la sala Corte, reclamará su derecho de volver al Tribunal Superior de Bogotá porque todavía no cumplía los 62 años para poder acceder a una pensión con salario de magistrado?