La minga indígena dejó impecable el Palacio de los Deportes. Esta sección constató la minuciosa limpieza.

Luego de tres días de estadía, la minga, con más de diez mil indígenas, abandonó el Palacio de los Deportes, no sin antes encargarse de la limpieza del escenario que los hospedó en Bogotá.

En la madrugada, una brigada de aseo perteneciente a los indígenas recogió la basura: barrieron, trapearon y hasta repintaron unas paredes que estaban grafiteadas; el escenario deportivo quedó como un firmamento.

Nuestros indígenas no solo dieron ejemplo de paz y organización con su multitudinaria marcha, sino de inmensa gratitud y enseñanza.

A alguien se le ocurrió pedirles una lección diaria de cultura, de decencia, de gratitud, de hermandad a la gente de la ciudad.