La siguiente es una de esas historias que solo pasan en nuestra querida y sufrida Colombia: en febrero de 2006, se iniciaron los trabajos de construcción de lo que sería el centro comercial Buturama, en el municipio de Aguachica, en el sur del Cesar; allí serían reubicados los vendedores ambulantes.

La obra debía ser entregada a finales de enero de 2007. Los terrenos donde se edificaría el centro comercial fueron donados por la Alcaldía de Aguachica, en un terreno de más de cuatro mil ochocientos metros cuadrados.

El convenio para la ejecución de la obra fue suscrito entre la Alcaldía de Aguachica y la Fundación Cetaam; la idea era construir 310 locales comerciales y un salón múltiple de 140 metros cuadrados. Los locales del primer piso se vendieron entre veinticinco y cincuenta millones de pesos, y los del segundo piso, entre doce y catorce millones de pesos.

Pasaron los meses y el contratista no terminó la obra. La alcaldesa de la época, Luz Irina Pérez, ante el incumplimiento de la Fundación Cetaam, transfirió a un tercero el proyecto y este tampoco cumplió, y el centro comercial quedó a medias.

Han pasado 15 años: 116 comerciantes que compraron locales aún están esperando su entrega, muchos de ellos están pagando todavía los créditos que solicitaron a la banca para acceder a un lugar para ubicar su negocio.

Hoy, la estructura que se alcanzó a levantar se la están robando y peor aún, se ha convertido en un sitio para consumo de drogas y refugio de indigentes.

¡No hay derecho a tanta indolencia!