La siguiente es la historia: en agosto de 2015, Richard Aguilar, quien se desempeñaba como gobernador de Santander, anunció oficialmente el proyecto del parque del agua para los barranqueños.

En octubre del mismo año, justo a dos meses de terminar su mandato, Aguilar adjudicó la obra al Consorcio Parques Acuáticos 2015, que tendría una inversión de $ 9461 millones; la obra debía ser ejecutada en 11 meses.

El parque del agua se construiría en un terreno de cuatro hectáreas y tendría tres piscinas de olas, juegos y toboganes para niños, área administrativa, zonas de comidas, áreas de vestidores y casilleros, baterías de baños, senderos peatonales, tres canchas multifuncionales en tierra y juegos de playa. 

¿Y saben en qué quedó todo? Retrasos por revisión en temas prediales, modificación de planos, adiciones presupuestales, paros de trabajadores, invasión de población migrante y finalmente, ¡declaración de quiebra por parte del contratista! 

Hoy, casi siete años después de adjudicada, la obra sigue inconclusa, a pesar de que se le han hecho dos adiciones presupuestales para un total invertido de cerca de $ 12.733.141.968. 

Esta sección de elefantes blancos, de dinero perdido por corrupción, o por desorden, o por mala administración, o por politiquería, acaba de completar 125 elefantes. Comenzamos el 10 de julio de 2019 y falta una lista así de grande.

El promedio de vida de un elefante es de más o menos setenta años, ¡para todos esos años habría paquidermos!

¡Qué horror de horrores con la plática de nuestros impuestos!