El elefante blanco de los lunes.

Sin hospital se quedaron los cien mil habitantes del municipio de San Gil, conocido como la capital turística de Santander. Su estructura terminó convertida en un lote baldío.

Todo inició en el 2015, cuando se presentó un proyecto para la construcción de un nuevo y moderno hospital debido a los problemas de la vieja casona de tapia donde existía el viejo hospital desde 1830. El proyecto fue avalado por el Ministerio de Salud y tendría una inversión de $ 25.000 millones. En febrero de 2019 empezaron las obras, tras la demolición de la vieja casona donde funcionaba, pero comenzaron los tropiezos: denuncias de veedores y del contratista, Consorcio Unión Temporal S. A. S., que recibió un anticipo de $ 7111 millones, revelaban graves fallas en los planos y los terrenos dónde iba a ser construido el moderno hospital. Estas inconsistencias fueron corroboradas por la Contraloría y la Secretaría de Salud departamental. Concluyeron que los estudios de suelo quedaron mal hechos por la firma arquitectónica.

Ha pasado un año y los sangileños se quedaron sin hospital, solo hay un lote y el viejo solo funciona a medias en lo que no alcanzó a ser demolido.

La actual Gobernación presentó un nuevo proyecto al Ministerio de Salud, pero aún no ha sido aprobado y lo más grave es que la construcción del nuevo hospital tardará 30 meses y requerirá $ 48.000 millones, casi el doble de su inversión inicial.

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En el bello San Gil, hoy las urgencias menores son atendidas en un antiguo hospital del pueblo, los enfermos graves son trasladados a Socorro o a Bucaramanga, y la parte administrativa funciona en un hotel y en la casa de cultura.

¡Díganme si no dan ganas de gritar y llorar ante tanta desidia y tanta corrupción! Robarse un hospital para la gente pobre, eso es casi criminal.