El 10 de noviembre de 2016 se inauguró en Luruaco (Atlántico), la primera planta despulpadora de mangos.
Esta obra se planteó como la gran solución para acabar con la pérdida de las cosechas de la fruta. Se invirtieron $ 675 millones por parte del Incoder, la Agencia Nacional de Tierras, el comercio y la Alcaldía. Con ese dinero se hizo la adquisición del predio donde se construyó la planta. El contrato se otorgó a Jesús Contreras, representante de la Asociación Prodesarrollo Social y Agropecuario de Luruaco, pero el sitio donde se construyó la planta no contaba con vías de acceso, no había energía trifásica, necesaria para la maquinaria instalada; tampoco había gas ni agua potable. Luego se supo que para el día de la inauguración alquilaron una planta eléctrica. Un año después de la inauguración, gradualmente le comenzaron a instalar los servicios públicos; se descubrió entonces que los cuartos fríos no funcionaban. Hoy, casi cuatro años después de la inauguración de la flamante planta, la desidia, la maleza y el abandono cubren la obra.
La pena, el abandono son su triste compañía… ¡Ay, mi país!