Como era de esperarse, el magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, Gustavo Malo, tampoco se presentó hoy a trabajar, como era su deber, porque sus incapacidades médicas ya concluyeron.

A Malo lo investiga la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes por supuestos favorecimientos a congresistas procesados por la Corte, lo que se ha denominado «el cartel de la toga». Esa investigación involucra también a otros exmagistrados de esa alta corporación, como Leonidas Bustos, Camilo Tarquinoy Francisco Ricaurte.

Hasta el momento van cinco incapacidades presentadas por el magistrado Malo ante diferentes dolencias, que van desde una hernia, trastornos de adaptación y hasta problemas de rodilla. El 30 de noviembre del año pasado presentó su primera incapacidad médica; desde entonces, las reiteradas excusas han impedido que la Sala Plena de la Corte Suprema le aplique el reglamento de la corporación para apartarlo de su cargo mientras se adelanta la investigación en la Cámara de Representantes.

¿Por qué ocurre esto? Resulta que la Sala Plena no puede tomar ninguna decisión si no se presenta el magistrado Malo; de lo contrario, podría alegar violación a sus derechos por no haber sido escuchado en su defensa. Esto quiere decir que mientras no se presente ante sus compañeros, los demás magistrados tienen las manos atadas y no podrán tomar decisión alguna. El problema es que no solo queda mal el magistrado Gustavo Malo, sino toda la Corte Suprema, que se ve convertida en rey de burlas, y nada menos que por uno de sus miembros.

Para mañana se tenía prevista una nueva sala extraordinaria para mirar el tema, pero como Malo no fue hoy.