Hoy, les hablaré del proyecto para la construcción de tres modernas plantas de tratamiento de agua en los corregimientos de La Mata, Ayacucho y Simaña, en el municipio de La Gloria, en el sur del departamento del Cesar.

La inversión inicial de la obra se calculó en un poco más de cinco mil ciento ochenta y cinco millones de pesos. Los recursos fueron aportados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y aprobados en 2011 por Aguas del Cesar. Los trabajos comenzaron en 2012 y tenían un plazo de 11 meses para su terminación; sin embargo, finalizaron hasta 2015.

Y empezaron los problemas: los habitantes de las poblaciones que se beneficiarían con las plantas de tratamiento comenzaron a tener problemas con el suministro del líquido; incluso, denunciaron que el contratista de la obra no tuvo en cuenta varias recomendaciones en las que se le advertía que el lugar escogido no era adecuado para la construcción de las plantas.

Y pasó lo que tenía que pasar: hoy en día, solo la planta del corregimiento de Simaña funciona; las otras dos no sirven. Según los pobladores, nunca funcionaron porque estaban mal diseñadas y el preciado líquido jamás llegó a sus casas.

Hoy, las dos plantas están consumidas por la maleza, mientras los habitantes de estos dos corregimientos siguen cargando el agua hasta sus casas en canecas, en triciclos y hasta en burros.

¿Por qué las obras en nuestro país nunca tienen un final feliz?