La increíble y triste historia del Santa Fe de hoy no es casualidad.

Desde cuando César Pastrana decidió delegar sus funciones presidenciales en Santa Fe en el señor Juan Andrés Carreño, nada ocurre por casualidad. Carreño, buen hincha, nada más, no tenía ninguna formación como dirigente deportivo, pero por egolatría, decidió asumir una función que suponía fácil. La escasez de recursos lo condujo a vender lo bueno y contratar lo malo. Armó el peor equipo que Santa Fe ha tenido en sus 70 años de historia y acaba de lograr un récord inconcebible en cualquier país del planeta: 14 fechas, 14, sin lograr un solo triunfo. Desde el año pasado, Santa Fe perdió todos los ingresos externos por la liviandad del equipo. No clasificó en ninguna de las cinco opciones internacionales que tenía y comenzó la era caótica.

¡Cómo duele ver al Santa Fe despedazado, descuartizado por sus propios directivos y algunas de las recientes contrataciones! Y lo que es peor: en semejante tormenta, y cuando la nave se hunde, no se ve un buen capitán que evite el naufragio total… y tampoco hay aún esperanzas de que la tempestad baje y llegue pronto un cambio climático.