El registrador nacional del Estado Civil, Alexánder Vega, está dedicado ahora a desmantelar cadenas mafiosas y de corrupción que se habían apoderado de las Registradurías regionales.

Desde funcionarios que venden falsas identificaciones, hasta organizaciones criminales transnacionales dedicadas al tráfico de personas ha descubierto el registrador Vega, con el apoyo de la Fiscalía General. Han sido detectadas bandas criminales que están tratando de involucrarse en los procesos de contratación en la Registraduría, según confirmó el fiscal Francisco Barbosa.

 

Le puede interesar: Grabaciones revelan que medicamentos adulterados llegaron hasta UCI de hospitales

 

El registrador Vega aseguró que estas organizaciones se dedican no solo a la falsedad en la identificación, sino que se extienden a la trata de personas:

«Hay casos en los que venden niñas y a través de esta modalidad, suplantan la edad de las menores para hacerlas pasar como mayores y someterlas a la prostitución».

Se han descubierto casos como estos:

  • 301.648 registros de nacimiento tienen inscripción presuntamente irregular.
  • 1763 matrimonios ficticios de personas que pretenden obtener residencia en Colombia fueron anulados.
  • Han sido descubiertos y anulados diez registros civiles de defunción, utilizados para encubrir la identidad de narcotraficantes, cabecillas del ELN, disidentes de las Farc e integrantes del Clan del Golfo.
Publicidad

 

Vea también: La confesión del padrastro de Sara Sofía: niña murió por golpiza de la mamá

 

En casi todas las regionales se han evidenciado más irregularidades. Precisamente, hoy fue expulsado del país el ciudadano cubano-estadounidense Javier Spíndola, quien tenía circular roja de la Interpol, requerido por los jueces del estado de Texas por tráfico de estupefacientes. Desde hace 19 años vivía en Santa Marta, con falsa identidad colombiana a nombre de Javier López Carbonell, que obtuvo en forma fraudulenta en la Registraduría de Cartago.

¡Qué tal las denuncias y los descubrimientos! Queda claro que en la Registraduría, donde trabajan centenares de mujeres y hombres sanos, honestos, probos, había un increíble centro de corrupción. ¡Adelante, registrador!