Qué gran ejemplo, los presos elaboran sus propios tapabocas. Lo hacen con materias primas donadas por empresas especializadas.

Uno de los elementos de bioprotección que se encuentran prácticamente agotados son los tapabocas. La verdad es que difícilmente puede conseguirse uno en las droguerías o misceláneas; ante esa situación, los internos de veinte cárceles comenzaron a producir tapabocas.

En establecimientos carcelarios como los de Cartagena, Valledupar, Cali, Popayán, Tuluá, San Gil, Bucaramanga, Ocaña, Armenia, Pereira, Pasto, Sabanalarga, Pedregal en Medellín y La Picota de Bogotá, estos elementos están siendo manufacturados con materias primas donadas por empresas especializadas bajo estándares técnicos y sanitarios recomendados por equipos médicos.

Es tal la escasez de tapabocas en farmacias y misceláneas, que incluso las personas privadas de la libertad están enviando a sus familias mascarillas que ellos mismos elaboran. Afortunadamente, hasta ahora en Colombia no se ha registrado ni un caso de COVID-19 dentro de las cárceles, donde actualmente permanecen 121.000 personas detenidas.