Miles y miles de corazones rojos, de almas palpitantes, de hombres orgullosos y mujeres enamoradas, y de niños ilusionados han vuelto a soñar. Sueñan en el partido del domingo, en el juego que viene, en la victoria que ya llega. Este Santa Fe de Guillermo Rivera, lleno de fútbol, de buen fútbol: Medellín, Once Caldas, Millonarios, Envigado, Jaguares, Bucaramanga, La Equidad, uno a uno, no tuvieron alternativa distinta que inclinarse admirados ante el Santa Fe que los vencía.

Eduardo Méndez dio el golpe de Estado y reemplazó a quienes llevaron al Santa Fe a la oscuridad y la penumbra, y logró el milagro, con once guerreros y un gran comandante: Rivera, líder de la estrategia, unió al equipo y colmó a sus compañeros de convicción, de la certeza de que el cielo era el único límite. Ni un solo balón ha roto su seguridad, su confianza, su maestría durante siete fechas de carácter, siete juegos consecutivos, siete victorias atrás, Arboleda aportó velocidad y entrega; Torijano, su sabia madurez; Hernández, su labranza floreciente; Herrera, su talento y sacrificio. Y en el medio, corazón, Andrés Pérez: fuerza, guapeza, experiencia; Daniel Giraldo, guerrero y valiente; Sambueza, creador, motivador y genial constructor.

Y en la siguiente línea, Velásquez, gran presente, gran revelación y enorme futuro; Balanta, demonio y dios, mortal para el rival, ángel para los rojos. Y Duque, ¡león y fiera! Este fue el equipo que volvió a deleitar ayer ante un duro y fuerte rival como lo fue La Equidad; lo fue, hasta cuando no pudo resistir más el ataque del rival al que terminó aplaudiendo y felicitando.

Gerencia, dirección, estrategia, dinámica, entrega, alegría, esos son los fundamentos de lo imprevisible, ¡ese es el Santa Fe de hoy! El amor de mis

amores, los amo a todos. ¡Volveremos, volveremos