La Amazonia colombiana es considerada como el bosque tropical más rico que puede existir. Se calcula que en sus 673.000 hectáreas viven más de un millón de personas de diversas etnias o culturas.

Este año, según estimativos de entidades dedicadas al monitoreo y seguimiento de la Amazonia, han sido deforestadas más de setenta y seis mil hectáreas de bosques.

El año pasado, por esta misma época, la deforestación en la Amazonia llegaba a 56.000 hectáreas, es decir, 20.000 hectáreas menos.

Teniendo en cuenta esta terrible realidad, la Contraloría General de la República realizó una auditoría de control a la deforestación en la Amazonia colombiana.

La conclusión de esa auditoría, en términos generales, es que hay incumplimientos en la gestión ambiental y riesgos de insostenibilidad de los planes nacionales ambientales.

Dice la Contraloría que no se tiene un plan de acción que guíe la política contra la deforestación, tal y como ordenó la Corte Constitucional en el año 2018, y advierte que hay una clara debilidad estructural que se traduce en la poca protección, conservación, mantenimiento y restauración de la Amazonia colombiana.

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Concluye la Contraloría que la deforestación en Caquetá, Vichada y Vaupés se da principalmente por la ganadería y los cultivos ilícitos, mientras que en Putumayo, Amazonas y Guainía ocurre por la minería ilegal.

¡Qué desastre! ¡En lo que terminó convertido lo que antes se llamaba «el pulmón del mundo»!