¿Cuál fue el momento más emotivo que vivieron los trabajadores que concluyeron el túnel de La Línea? ¿Ver la luz al final del túnel? ¡No! ¿Terminar la obra? ¡Tampoco! ¿Comenzarla? ¡Menos!

El más emocionante se vivió el 3 de agosto de 2008. Les cuento: los trabajos para atravesar la cordillera de los Andes se iniciaron en 2005 desde dos sectores, un grupo trabajaba en el sector de Cajamarca, en el Tolima; el otro grupo, en Calarcá, en el Quindío. Eran dos grupos, cada uno, con 200 trabajadores de lado y lado, iniciaron la perforación del túnel piloto. Y miren lo que pasó, tres años después, el día en que por fin lograron romper la cordillera. Los trabajadores de uno y otro lado, por fin ¡se encontraron!

Emoción inenarrable. Los trabajadores no creían lo que estaban viviendo, ¡era la más grande hazaña de sus vidas! ¡Romper al monstruo! ¡Romperlo y encontrarse en sus entrañas! Habían logrado convertir en realidad un sueño que se inició hace más de cien años: atravesar la cordillera central. La emoción de los trabajadores terminó en lágrimas y todos, a una sola voz, se abrazaron y con inmensa emoción entonaron el himno nacional.

Me pueden tratar de municipal, pueblerina, mujer de campanario, no me importa, yo lo entono por ustedes, queridos trabajadores del túnel de La Línea: «¡Oh, júbilo inmortal!»