El despacho del vicepresidente Óscar Naranjo sirvió de escenario para una enternecedora escena, que bien podría servir de ejemplo para ilustrar lo que debe ser el cariño por nuestros niños y nuestras comunidades indígenas.

Luego de terminar una reunión con representantes de la comunidad guambiana, quienes recibieron una donación de 60.000 euros para dotar de equipos médicos al hospital de la comunidad de Silvia, en el Cauca, el vicepresidente Óscar Naranjo invitó a su oficina al más pequeño de la delegación guambiana.

El pequeño Martín Payán fue el elegido; en medio de su inocencia y timidez, se sentó en el escritorio del vicepresidente y como todo un ejecutivo procedió a firmar los documentos que estaban encima del escritorio. Pero aquí no terminó todo: Martín también acabó con todos los dulces que había en la bombonera de la oficina.

Esta escena, sin lugar a dudas, debería servir de ejemplo en otras latitudes, donde muchos menores están siendo separados de sus familias utilizando como pretexto la política migratoria.