Una vaca desató una crisis internacional que tiene en vilo a las autoridades migratorias y sanitarias de la Unión Europea y a dos países de Europa oriental.

Penka, se llama el animal, que pertenece a un humilde campesino de Bulgaria, hace una semana, cuando estaba pastando con otros animales, decidió alimentarse de una hierba más fresca y apetitosa, que infortunadamente está ubicada en suelo de Serbia. La vaca Penka se pasó la frontera y se quedó pastando en Serbia.

Un ganadero serbio reconoció la marca de la vaca Penka y decidió llevársela de regreso a su dueño, a Bulgaria. Sin embargo, cuando el granjero serbio iba a regresar la vaca, las autoridades de Bulgaria confiscaron al animal, por indocumentado. El problema es que Serbia no pertenece a la Unión Europea y Bulgaria sí. Cuando Penka intentó reingresar a su país fue retenida en la aduana para que la revisara un veterinario, de acuerdo con las normas de la Comisión Europea. El veterinario concluyó que Penka no puede volver a la Unión Europea, porque salió de sus fronteras sin la documentación adecuada, y recomendó que la vaca, que además está preñada y dará a luz en tres semanas, sea sacrificada.

La absurda intransigencia de las autoridades europeas desató una ola de indignación en Europa y alrededor del mundo, a tal punto que se inició un movimiento en redes sociales, con el hashtag «pray for Penka», es decir, «oremos por Penka» y «save Penka», «salvemos a Penka».

El movimiento ciudadano en torno a la vaca indocumentada ya golpeó las puertas del Parlamento Europeo. El futuro de Penka la vaca se definirá pasado mañana, y muchos esperan que la Unión Europea respete su origen búlgaro. ¡Vida para Penka, vida para Penka, vida para Penka!