En el mundo de los seguros opera una póliza que se denomina «de infidelidad y riesgos financieros». No es para proteger contra la infidelidad sexual o matrimonial; es para proteger el patrimonio de una empresa de pérdidas causadas por falsificación o alteración de documentos, o por actos de traición y deslealtad de empleados.

Una póliza de este tipo es la que acaba de salvar al Fondo Nacional del Ahorro de un millonario detrimento patrimonial. El caso comenzó en 2012, cuando el fondo compró por $ 70.000 millones este inmueble ubicado al occidente de Bogotá para convertirlo en su nueva sede. En 2015 se hizo un avalúo del predio, que lo valoró en $ 46.000 millones, $ 24.000 millones por debajo del precio de compra. Tras realizar varias investigaciones y consultas sobre los amparos que aseguraron el negocio, y tras detectarse algunas actuaciones irregulares, el fondo inició una reclamación ante la aseguradora. Después de una investigación, la aseguradora decidió indemnizar al Fondo del Ahorro con $ 24.000 millones correspondientes a los sobrecostos generados por la compra de la nueva sede.

Es la aplicación de una póliza de infidelidad de riesgos financieros. Como estamos en un país de leyes, ¿no será que alguna compañía nos vende un seguro, pero contra la infidelidad? Pero la otra, la que sabemos, ja, ja, ja, ja.