El alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, de buena gestión, fue víctima hoy de un ataque de ira que lo condujo a golpear a un concejal, lo que podría tener graves consecuencias.

La historia es esta: el concejal John Claro venía anunciando un debate contra supuestos actos de corrupción del alcalde Hernández. Esta mañana el alcalde decidió invitar a su despacho al concejal Claro. El diálogo, si se puede llamar así, alcanzó momentos muy acalorados por las expresiones que utilizaron; de pronto, el alcalde no soportó más, se retiró, y el concejal le gritó que el hijo era un corrupto. El alcalde se devolvió y vean, resultó peor que Sylvester Stallone.

La Ley 734 de 2002, en sus artículos 44 y 48, califica estos casos de agresión como falta gravísima y la sanción podría llegar hasta la destitución.