La gerencia de Navelena, empresa que ganó el millonario contrato para recuperar la navegabilidad en el río Magdalena y que luego entró en liquidación porque el contrato no se ejecutó, está hoy considerada como talismán de buena suerte.

Vean por qué lo digo. En enero de este año, cuando se ordenó la liquidación de Navelena, se designó como agente liquidador al abogado Emilio José Archila. Bastó que Archila llegara a Navelena para que fuera designado como alto consejero para el posconflicto. Se nombró, entonces, como nuevo liquidador al abogado Rubén Silva Gómez, y bastó que Silva llegara a Navelena para que fuera nombrado nuevo superintendente de Notariado y Registro.

¿Entienden por qué ahora tantos abogados quieren ser nombrados liquidadores de Navelena? ¡Avionetos!