En Colombia, la Superintendencia de Industria y Comercio ha impuesto altas multas para sancionar y combatir los pactos entre empresas para acordar precios para sus productos. Sanciones tan altas como las que impuso el superintendente, Pablo Felipe Robledo, provocaron duras reacciones de los afectados. Ahí están casos como la multa a los ingenios por manipular la importación de azúcar para fijar en el país precio de monopolio al azúcar, o la sanción a la unión de fabricantes de pañales o cuadernos. A las empresas les parecía extravagante multar a fabricantes de pañales con $ 75.000 millones.

¿Extravagante? Miren lo que hizo hoy Europa: multó con 3800 millones de euros, es decir unos once billones y medio de pesos, a seis empresas fabricantes de camiones. Esas compañías pactaron fijar el precio de los camiones durante 14 años. Ahí estaban marcas como Scania, Volkswagen, Mercedes, Volvo-Renault y Fiat; de cada diez camiones que hay en la Unión Europea ¡estas empresas han vendido nueve! ¡Imagínense el tamaño del negocio!

Pues… ¡los cogieron! Y a pagar: once billones y medio de pesos.

Y aquí en el país, por una multa mil veces más pequeña, querían tumbar al superintendente, al super-Robledo, que llamo yo.