Las otrora vigorosas relaciones entre Germán Vargas Lleras y la casa Char están a punto de la ruptura total.

El disgusto del exvicepresidente con los miembros de la casa Char comenzó cuando unos congresistas afectos a Fuad Char desconocieron la orden de Vargas Lleras de no votar el Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno Duque; atendieron, en cambio, la que dio Char y votaron a favor. El voto del senador de Cambio Luis Díaz Granados fue decisivo, como el del liberal Mauricio Gómez, para salvar el plan. En su columna de ayer, en «El Tiempo», Vargas Lleras acusa al Gobierno de estar empleando mermelada para conseguir los votos que necesita en el Congreso. «Siguiendo órdenes, dice Vargas Lleras, que espero no sean del presidente, sino de algún lambón con iniciativa, los señores Luis Lorduy y Andrés Betancur, que despachan desde la Casa de Nariño […] han llamado sin descanso a senadores y representantes […] a convenir qué grado de participación aspiran a tener en el Gobierno».

Vargas Lleras armó, con sus afirmaciones, una polvareda sin nombre y se fue de vacaciones a Estados Unidos.