Un recluso de la cárcel de Palmira acaba de ganar una tutela en la Corte Constitucional, que ordena que ninguna autoridad penitenciaria pueda cortarle el cabello.

El hombre, de 24 años, se identifica como «afro-africano» y practicante de la religión y la cultura jamaiquina; asegura que, desde niño, ha lucido su cabello largo y con trenzas. El hombre presentó una tutela alegando que las autoridades penitenciarias lo han discriminado con los constantes cortes de cabello que le han practicado; según él, con cada corte se reducen sus costumbres africanas.

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La Corte, con ponencia del magistrado José Fernando Reyes, acaba de ordenar que al recluso le permitan lucir sus trenzas. Aunque en este fallo la Corte protege la expresión de la diversidad étnica y cultural del recluso, las directivas penitenciarias advirtieron que los cortes de cabello se ordenan por razones de seguridad: advierten que las modificaciones en la apariencia de los privados de la libertad pueden propiciar intentos de fuga o de suplantaciones de identidad.

Aunque el INPEC establece que los presos no pueden usar ni barba ni cabello largo, la Corte recuerda que se pueden hacer excepciones cuando se trate de integrantes de la comunidad LGBTI (lesbiana, gay, bisexual, transgénero o intersexual) o cuando se invoquen libertades de culto o el derecho a la diversidad cultural.