5 años después de liquidado, el Fondo de Vigilancia y Seguridad sigue dando de qué hablar. El desorden administrativo que reinó en esta entidad habría sido el caldo de cultivo perfecto para que los elementos de seguridad adquiridos, como chalecos antibalas hayan terminado en manos equivocadas.

El Fondo de Vigilancia dejó de operar en el 2016 pero se desconoce qué paso con el amplio inventario. Motos eléctricas, cámaras de seguridad, chalecos antibalas, entre otros objetos que por años estuvieron abandonados en una bodega en el sur de Bogotá.

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El Distrito está investigando y se comprometió a hacer un recuento del inventario, para identificar de dónde salieron los chalecos que usaron los atracadores en Medellín.

El fabricante, Miguel Caballero, aseguró que los chalecos vendidos al fondo en el 2012, fueron alterados y están siendo comercializados por una empresa en Bogotá.

Por encargo del Fondo de Vigilancia, el Ejército era el encargado de darle de baja a los elementos de seguridad que caducaban.