La pandemia no es un juego y ni los más hábiles pueden esquivar su alto nivel de contagio. Prueba de ello es el reciente positivo para COVID-19 del mejor tenista del mundo en la actualidad, el serbio Novak Djokovic.

Las alarmas se prendieron el pasado fin de semana, cuando el búlgaro Grigor Dimitrov (actual top 20 de la ATP) confirmó que se había contagiado durante el Adria Tour, un torneo de exhibición en Belgrado (capital de Serbia) que se realizó hace una semana.

Sin embargo, parece que el torneo no fue el catalizador, sino una celebración que se hizo posteriormente sin ninguna medida de seguridad, en la que participaron al menos 25 personas.

A través de videos en redes sociales, se puede ver la despreocupación de los tenistas, quienes estuvieron en esta fiesta sin camisetas y sin ningún tipo de prevención.

Es probable que Dimitrov hubiera adquirido el virus y, sin saberlo, contagió a Djokovic y su esposa en este evento, así como otros de sus colegas que ya confirmaron tener la COVID-19, como el croata Borna Coric.

Es más, Djokovic dejó ver a lo largo de la semana su excesiva confianza, justificando la gente en las gradas del evento y la celebración posterior, porque según él la pandemia en Serbia no está tan grave como en otros países.

Consecuencias

Por supuesto, la primero que pasó cuando Dimitrov anunció que tenía coronavirus fue la cancelación del Adria Tour, evento en el que faltaba por disputarse la final entre Djokovic y el ruso Andrey Rublev.

Otra de las consecuencia de la relajación de Djokovic es el positivo para COVID-19 de Jelena, su esposa. Aunque por fortuna sus hijos salieron negativos.

Por otro lado, hay que esperar a ver qué ocurre con el cronograma de la ATP, que tiene la expectativa de reanudar en agosto con el torneo de Washington.

Incluso, la ATP anunció en su programación oficial el desarrollo del US Open (31 de agosto) y el Roland Garros (27 de septiembre).