El partido en el que la Selección Colombia remontó y venció por 3-2 a su similar de México protagonizó una polémica escena que obligó a la detención momentánea del encuentro en su recta final.

Durante el minuto 81 del partido, un sector de la afición mexicana que hizo presencia en el estadio de Santa Clara (California) optó por “mostrar su inconformidad” con el grito ¡’Eh, puto!’.

Dicha expresión tuvo al portero colombiano David Ospina como el blanco de ofensas, luego de que realizara un despeje desde su propia portería. El árbitro del juego, Nima Saghafi, tomó el balón en el centro del campo y detuvo el desarrollo del cotejo por varios minutos.

En principio, hubo desconcierto e incredulidad entre los jugadores de ambas selecciones. Sin embargo, Saghafi, al expresar los argumentos por los cuales detuvo el partido, hizo entrar en razón a los protagonistas; el compromiso no continuó sino hasta que los aficionados mexicanos cesaron con los gritos y reclamos.

Tal dimensión tomo la escena que una pantalla gigante del Estadio Levi’s se expuso un mensaje de advertencia para que se suspendieran con los gritos, catalogados como homofóbicos y discriminatorios.

“Debido al grito que se acaba de escuchar, el partido ha sido suspendido momentáneamente. Las personas identificadas participando en el grito discriminatorio serán retiradas del estadio”, se leyó en el aviso difundido en la pantalla LED.

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La historia del ‘¡Eh, p*to!

La expresión ‘¡Eh, Puto!’ es muy autóctona entre la afición del seleccionado ‘azteca’, y cuyos hinchas suelen corear al unísono en el momento en que el portero del equipo rival al que se está enfrentado su Selección realiza un saque de meta largo.

Su nacimiento se remolca a los años 80′, época en la que los grupos de porristas de diferentes equipos del futbol americano infantil de Monterrey empezaron a familiarizar dentro de su repertorio un grito especial para el momento en el que se ejecutaba la patada inicial de cada partido: “eeeh… ¡pum!”.

Se trataba de un grito de unión y convivencia entre las tribunas. Sin embargo, aficionados del fútbol mexicano decidieron ‘modificar’ la expresión, cambiando la onomatopeya ‘pum’ por la palabra ‘puto’. Se dice que la primera vez que se coreó este grito fue en el año 1993 en un partido entre los clubes Atlas y Chivas de Guadalajara, en el llamado clásico ‘tapatío’.

Dicha expresión, considerada como una ‘jerga cultural del fútbol mexicano’ se ha mantenido con el paso de los años. Sin embargo, la FIFA ha llamado la atención en reiteradas ocasiones a la Federación Mexicana de Fútbol para que sus aficionados suspendan de una vez por todas esta práctica, la cual consideran que atenta contra la igualdad de género.