Al menos 143 personas han muerto por las devastadoras inundaciones del oeste alemán que han trasladado al mundo real la emergencia climática, tema prioritario ahora en la campaña para las elecciones generales que marcarán el adiós a la “era Angela Merkel”.

A la canciller alemana se la espera el domingo en la región afectada, de vuelta el viaje oficial por Estados Unidos donde la sorprendió la catástrofe, que la forzó a una gestión virtual de la crisis. Desde ahí ha estado “en continuo contacto” con las autoridades regionales y con su equipo de Gobierno, han explicado fuentes gubernamentales.

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Los dos estados federados afectados son Renania Palatinado -donde se confirmaron ya 98 muertos y al que acudirá mañana Merkel- y Renania del Norte-Westfalia, el más poblado del país y al que corresponde el resto de víctimas hasta ahora notificadas, incluidos cuatro bomberos.

Los estragos por unas inundaciones de “dimensiones históricas”, en palabras de Laschet, empezaron a revelarse el jueves, jornada que se cerró con 50 fallecidos confirmados. Se teme que el balance final sean aún mayor, dada la enorme destrucción provocada por las aguas y corrimientos de tierras.

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En la ciudad de Heinberg, cercana a la frontera con Países Bajos, hubo que proceder anoche a evacuar a cientos de personas tras romperse un dique de contención.

En otras poblaciones afectadas empezaron las labores de desescombro. Se avanza entre el miedo a lo que surgirán bajo las montañas de tierra, casas destruidas y todo tipo de enseres, y la esperanza por los pronósticos meteorológicas, ya que no se prevén más precipitaciones destacables este fin de semana.

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Se trabaja asimismo incansablemente por restablecer los servicios básicos. Unos 100.000 habitantes siguen sin suministro eléctrico, el tráfico ferroviario permanece seriamente afectado o cortado, en los puntos más álgidos, lo mismo que algunas carreteras.