Cuando Uriel Tique Puentes se desmovilizó del Frente 66 de las Farc, en 2009, encontró en Liliana Díaz la paz que el destino que escogió le había quitado. Pero, aunque abandonó la guerrilla, desde el primer momento de la convivencia se supo que no había abandonado la violencia.

Intentó asfixiarla, le puso un trapo en la boca en una ocasión que intentó matarla cuando ellos vivían juntos, afirmó Adriana Díaz, hermana de la víctima.

A pesar de los golpes su pareja le dio un niño, pero el parto agravó y Liliana resolvió continuar su vida sin él, en Bogotá.

En la navidad de 2013, el exguerrillero volvió a acercarse a Liliana, exigiendo como padre, que se le garantizara su derecho a visitar a su hijo. Su actitud fue tal, que ella accedió a permitirle llevar de vacaciones al niño a Planadas, Tolima, donde su familia de sangre.

Publicidad

El 8 de enero, él la llama y le dice que va a matar al niño y que se va a matar él, que si quiere ver el niño y que si quiere que él cometa ese error, ella tiene que ir hasta allá, aseguró la hermana de Liliana.

La madre había sido advertida por él mismo de que ella era el objeto de sus impulsos asesinos y asumió el riesgo por su hijo.

Él le decía que si ella no era para él, no era para nadie y que el día que la matara no la iba a dejar viva, que le pegaba un tiro en la cabeza, porque viva no a iba a dejar, agregó Adriana Díaz.

Nunca regresó. Él contestaba el teléfono y así la familia de Liliana pudo recuperar el niño, pero no daba razón del paradero de ella, explícitamente.

Me dijo, pues sabe qué mujer, por ahí escuché que en la vía a Bogotá está el cuerpo de una mujer. Hay un cuerpo tirado, al parecer de una mujer, relató Díaz.

Era Liliana, tenía un tiro en la cabeza y su cuerpo reposaba en el lugar que había mostrado en redes sociales Uriel Tique.

La familia de Liliana piensa que con los nuevos protocolos de la Fiscalía, la investigación tendrá un nuevo ritmo.

El protocolo da directrices y estrategias para el abordaje integral de las víctimas, con un enfoque diferencial del inicio al fin del proceso, María Córdoba, fiscal de Violencia de Género.

Pero investigación del asesinato de Liliana es apenas incipiente y el fiscal de Chaparral, Tolima, le echa la culpa al juez.

Los teléfonos de Liliana, según los investigadores, siguen activos y en uso, por parte de familiares de Uriel y todos los antecedentes de violencia de él contra ella desperdigados en otras fiscalías.

La extorsión que la hizo emprender su último viaje, en la Dirección de Fiscalías de Bogotá, el homicidio en la 51 de Chaparral, el secuestro en la Unidad Anti-Bacrim de Bogotá; las amenazas en la Dirección Seccional de Bogotá y las lesiones que la llevaron a separarse de él, en la Casa de Justicia de Bosa.

Uriel sigue beneficiándose de los privilegios que obtuvo con su desmovilización, porque ninguno de los expedientes de la Fiscalía ha concluido con una acusación.

Es decir, que mientras la Fiscalía no aplique sus protocolos contra la violencia sexual y pueda probar que el exguerrillero amenazó a su pareja, intentó ahogarla, la secuestró a ella y a su hijo y finalmente la mató, el gobierno seguirá pagando su vivienda, alimentación y educación.