Los cuerpos de dos dirigentes indígenas que fueron fusilados por el ELN por organizar una movilización en contra de la minería ilegal en su territorio fueron entregados a sus familias luego de dos años de investigación.

Ellos eran miembros de la comunidad emberá dovida del Alto Baudó en Chocó, en la que sigue existiendo la minería que ellos intentaron frenar por sus consecuencias ambientales.