Miembros del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Pekín, notificaron este martes que 30 deportistas están recluidos en centros de aislamiento al dar positivo por COVID 19.

Dentro del grupo de confinados se encuentra Michael Poetozz, esquiador alpino colombiano, que entró en contacto con un positivo del virus en el avión que lo transportó hasta China para las gestas deportivas.

Sin embargo, en redes sociales empezaron a circular varias quejas y denuncias de algunos atletas olímpicos confinados por COVID, donde relatan que las condiciones del lugar en las cuales están aislados son pésimas y negligentes. 

Dentro de las situaciones que denuncian algunos deportistas, están la comida, que “es incomible”; suciedad de las habitaciones, falta de equipos para entrenar y pésima conexión a Internet.

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“Me duele el estomago, lloro todos los días”

Una de las quejas que sonó con más fuerza fue la de Valeria Vasnetsova, una biatleta rusa.

A través de su cuenta de Instagram, la deportista publicó en redes sociales una foto donde se aprecia un plato de comida que, según aqueja ella, está afectando su salud y “había sido su alimento durante 5 días”.

“Me duele el estómago, estoy muy pálida y tengo grandes ojeras negras. Quiero que esto acabe. Lloro todos los días. Estoy muy cansada”, revela Vasnetsova, aludiendo que el pésimo estado del llamado “hotel de cuarentena” en Pekín no tiene nada que ver con el coronavirus.

Valeria relata que “apenas pudo sobrevivir alimentándose con trozos de pasta”, pues el resto de alimentos (una salsa anaranjada, una carne requemada con hueso y unas cuantas papas), no pudo consumirlos por el aberrante olor que desprendían, el cual le causaron náuseas.

“Mis huesos se me comienzan a notar”, escribió Vasnetsova, señalando que ‘empezó a perder peso’ por no comer.

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‘La arrastraron a la Villa Olímpica porque no tenía COVID’

Otra denuncia revelada fue la que contó la patinadora polaca Natalia Maliszewska.

La deportista se vio envuelta en un asunto confuso al ser llevada repetidamente dentro y fuera del sitio de cuarentena durante días, luego de que su prueba COVID presentara resultados contradictorios.

Maliszewska calificó su experiencia como ‘un horror’, y que la dejó ‘llorando y llorando’. Pues según relata la deportista, un grupo de funcionarios la sacó ‘a rastras’ de la cama donde estaba confinada para llevarla de regreso a la Villa Olímpica.

“Estaba sentada en la ambulancia. Eran las 3 a.m. Estaba llorando como loca porque no sabía lo que estaba pasando. No me sentía seguro en absoluto”, reveló la joven atleta de 26 años.