La misa oficial celebrada este domingo en Buffalo, Nueva York por las 10 víctimas mortales de la masacre de motivaciones racistas que conmocionó a la ciudad, se convirtió en un grito contra el supremacismo blanco y una llamada a que se haga justicia y se avance hacia la reconciliación.

Ante los principales representantes políticos del estado de Nueva York, el obispo baptista Darius Pridgen pidió todos los recursos necesarios para que se haga justicia contra el joven atacante de 18 años que, según él, escribió un manifiesto antes de asesinar a 10 personas y herir a otras tres: “Voy a matar a todos los negros”.

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“Lo ocurrido fue terrorismo nacional, simple y llanamente” dijo la fiscal general del Estado Letitia James, que junto a la gobernadora Kathy Hochul y otros representantes políticos acudió a la misa oficiada por el obispo Pridgen para dirigirse a los presentes, en su gran mayoría afroamericanos.

James insistió en que se trató de “un acto de odio y debe ser procesado como tal” porque, según argumentó, el atacante, identificado como Payton S. Gendron, un joven blanco de Conklin, una localidad a 320 kilómetros al sureste de Buffalo, y cuyo nombre no fue pronunciado durante todo el servicio “se alimentó todos los días con una dieta constante de odio” a través de las redes sociales.

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De acuerdo con el manifiesto de Gendron y al que varios oradores hicieron referencia, el joven eligió conscientemente este barrio de la ciudad por estar habitado mayormente por población negra, como hoy confirmó la gobernadora.

Por último, tras ese tiroteo, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, hizo este domingo un llamamiento a “trabajar juntos” para enfrentar el “odio”.