Emir Ramírez huyó antes de que sus padres, un hermano y un tío murieran presuntamente a manos de uniformados venezolanos.

A salvo de las balas, en el municipio de Arauquita, Emir describe con rabia las fotos de su familia asesinada, algunos con botas y armas desconocidas para él.

“¿Por qué los asesinaron?“, pregunta impotente este comerciante de 26 años en conversación con la Agencia AFP. Ramírez defiende sin reservas la inocencia de los suyos, una familia colombo-venezolana. “¡No eran guerrilleros (…) Eran las personas más humildes del mundo!”.

 

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El 21 de marzo cuando estaban en la casa familiar en La Victoria, en el estado fronterizo de Apure, estallaron combates entre fuerzas oficiales de Venezuela y guerrilleros.

Ramírez temió por la vida de su esposa y huyó con ella en canoa por el río Arauca hacia el lado colombiano, donde tiene más familia y un hijo de siete años. En vano intentó persuadir a sus padres de acompañarlo.

 

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Unas 5.000 personas también llegaron a Arauquita para estrenarse como refugiados de la violencia, forzados a malvivir bajo carpas en coliseos, en plena pandemia.

Hasta el 1 de abril el Ministerio de Defensa de Venezuela había informado de nueve “terroristas” y cuatro uniformados fallecidos, así como más de 30 detenidos.

El gobierno de Nicolás Maduro culpa a Colombia de descuidar los 2.200 km de frontera y permitir la expansión de grupos armados.

 

Foto: AFP

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Pero Colombia y la oposición venezolana aseguran que el gobierno de Maduro pretende con esta ofensiva, ayudar a disidentes de las Farc en la lucha que libran con otro grupo criminal por el control del narcotráfico.

Investigación en curso

El jueves 25 fallecieron los familiares de Emir. Y la misma noche, un conocido le mostró en el celular fotos de los cuerpos de su padre Emilio (42 años), su madre Luzdary (40), su hermano Uriel (17) y su tío Yanfran (22), vestidos de verde militar y armados.

“La primera foto que yo veo es la de mi mamá, con una pistola al lado tirada en el piso. Con unas botas que, ¡por favor!, unas botas dizque de guerrillera“, recuerda incrédulo.

 

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En la siguiente imagen, su padre yace con botas, pantalón verde y “una pistola al lado”. Ramírez se desespera mientras avanza en la descripción. “Y veo otra foto de mi hermano con una granada al lado. 17 añitos tenía“.

La AFP verificó que las fotografías no aparecieran en registros anteriores al 26 de marzo, y dos de sus fotógrafos revisaron que no fueran manipuladas.

 

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El fiscal general de Venezuela, Tarek Saab, ordenó una investigación sobre presuntas “retenciones arbitrarias, agresiones y saqueos” durante la ofensiva. Pero no ha respondido a un pedido de la AFP sobre el caso de los Ramírez.

Cuatro personas que también huyeron y aseguran haberlos conocido los describen como una familia de campesinos “sin historias” (líos). Sus testimonios coinciden en que fueron fuerzas especiales uniformadas de negro las que irrumpieron en La Victoria.

 

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¿Cuerpos manipulados?

Una mujer de 25 años que pidió ser llamada Carla, por temor a ser identificada, reconstruye los días que precedieron la muerte de los Ramírez.

“Empezamos a sentir unos tiros horribles, atroces. Los niños gritaban, se metían por debajo de las camas (…), luego el helicóptero bajó y pude ver que era una persona uniformada”, afirma.

 

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Carla asegura que conocía a la familia asesinada hace cinco años: “Eran unas de las personas más humildes que yo pude haber distinguido“. A Emilio “nunca le vi una actitud agresiva, nunca lo vi portando un arma”.

La AFP pidió a Carlos Valdés, exdirector de Medicina Legal en Colombia, su opinión sobre las imágenes de la familia abatida. El experto forense investigó ejecuciones de civiles a manos de militares colombianos que los hacían pasar por guerrilleros, conocidos como falsos positivos“.

 

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Para Valdés, los cuerpos fueron dispuestos para que aparecieran “boca arriba, con un arma pegada a la mano” en un mismo “patrón de simulación”.

En el caso de Uriel, el adolescente de 17 años, se ve una granada cerca. Pero una mancha de sangre en su costado evidencia que “lo arrastraron” y que su brazo “tiene una fractura en el húmero”, causada probablemente en vida, lo que impedía que pudiera agarrar el objeto.

 

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Tanto la ONU como diferentes ONG han denunciado graves violaciones de derechos humanos cometidas por la fuerza pública en Venezuela

Los cuatro cuerpos fueron enterrados en Arauquita. Emir espera el resultado de la necropsia mientras clama: “¡Quiero justicia, quiero que se limpien los nombres de ellos!”.